събота, 9 октомври 2010 г.

Y un poco de pronunciación

Bb
El grafema B tiene dos o tres realizaciones alófonas, según el dialecto. En posición inicial absoluta (después de pausa) o tras nasal, corresponde siempre a la oclusiva bilabial sonora[b]; en posición medial, la explosión no se produce —los labios no llegan a tocarse—, y la articulación se corresponde en realidad con una fricativa [β] o más comúnmente una aproximante [β̞].
La lenición en posición medial es un fenómeno común a todas las consonantes aproximantes (correspondientes a alófonos de plosivas sonoras) en español; fenómenos similares tienen lugar en D y G; sin embargo, son más pronunciados en algunos dialectos. Los hablantes de dialectos que prefieren una realización fricativa o aproximante encuentran que en aquellos la distinción de las plosivas sonoras entre sí y con la consonante aproximante labiovelar sonora[w] —el sonido de HU- en posición inicial— se desvanece. La grafía poética suele representarlo reemplazando B, D o HU- por G[Ü], como en el poema:
—¿Tú viste a Coquena?
—Yo nunca lo vide,
pero sí mi agüelo— repuso el pastor
(J.C. Dávalos, La leyenda del Coquena)
En el grupo OBS-, presente en cultismos de origen latino, la B normalmente no se pronuncia. La grafía alternativa sin B se admite en estos casos, dando origen a dobletes como oscuro/obscuro. Aunque en el grupo ABS- la elisión de la [β] sigue las mismas reglas, la Academia no acepta la omisión de la B en estos casos.
El grafema V tiene exactamente el mismo valor fonético que este. Se conserva la distinción puramente por razones etimológicas. No obstante algunos hablantes pronuncian ciertas palabras con una [v] labiodental en el habla formal o enfática.


Cc
 El grafema C tiene dos valores, el llamado "duro" (/k/) y el "blando" (/θ/ o /s/). El primer valor corresponde a su pronunciación frente a las vocales A, O, U y todas las consonantes; es idéntico al representado por las grafías K y Q.
 El segundo valor corresponde a una de las articulaciones más variables del idioma español. En todo el centro y norte de la Península Ibérica, representa a la consonante fricativa interdental sorda, [θ]; sin embargo, en la mayoría de los dialectos del español este fonema ha desaparecido, dando lugar al fenómeno llamado seseo, la asimilación de esta a la consonante fricativa alveolar sorda, [s], se ha perdido hace siglos y el sonido se ha asimilado al de la grafía S. A su vez, la pronunciación de ésta presenta algunas diferencias entre regiones, con realizaciones variadas: ápico-alveolar, lámino-alveolar, ápico-dental, etc.

Ch ch
 El dígrafo Ch representa a la consonante africada postalveolar sorda/ʧ/; la representación digráfica se debe a la evolución del fonema a partir de la plosiva uvular sonora, /k/, por palatalización y asimilación. En algunos dialectos andaluces, mexicanos o chilenos (en este último caso, reprobado socialmente) pierde por completo la plosión y se realiza como la consonante fricativa postalveolar sorda[ʃ].
Muy antiguamente se empleó con valor de /k/ en palabras de etimología griega, como chimera (hoy quimera) o chloro (hoy cloro), pero este uso se abandonó definitivamente en el siglo XVIII.

Dd
El grafema D tiene dos realizaciones alófonas. En posición inicial absoluta (después de pausa) o tras nasal o lateral, corresponde siempre a la consonante plosiva alveolar sonora[d]; en posición medial, la plosión no se produce —la lengua no llega a ocluir el flujo interdental—, y la articulación se corresponde en realidad con una aproximante[ð̞]. Esta última a veces se transcribe erróneamente como una fricativa, [ð] (el sonido "débil" del dígrafo TH en inglés).
Algunos dialectos tienden a retener [d] en final de palabra, pero en la mayoría de dialectos lo habitual es la elisión, aunque en ocasiones esta última pronunciación se considera poco culta.


Gg
 El grafema G comparte con C la dualidad de valores.
 El llamado "duro" es la consonante fricativa velar sorda/x/, el mismo sonido de J; en los dialectos que suavizan esta última en una consonante fricativa glotal sorda/h/, la G se suaviza también. Corresponde a su pronunciación frente a las vocales E e I.
 El llamado "blando" es la consonante plosiva velar sonora/g/; en posición media, en todos los dialectos del español experimenta lenición y se transforma en una consonante aproximante velar[ɰ] (en la sección correspondiente a la B se explican las confusiones a las que esta lenición puede dar lugar en algunos casos). Corresponde a su pronunciación frente a las vocales A, O y U y las consonantes.
 Para representar las secuencias [ge][gi][ɰe] y [ɰi] se recurre a la inserción de una U muda entre la G y la vocal correspondiente. De ese modo, guerra corresponde a la pronunciación ['ge.ra], y seguido a[se.'ɰi.ð̞o].
 A su vez, para las secuencias [gwe][gwi][ɰwe] y [ɰwi], se recurre a una marca diacrítica, la diéresis o crema, colocada sobre la U; es el caso, por ejemplo, de pingüino, que representa [piŋ.'ɰwi.no]. Muchos dialectos eliden la [g] o [ɰ] de estas secuencias. A nivel gráfico, la omisión de la diéresis es una de las faltas gráficas más frecuentes entre los hispanohablantes.
 En algunos préstamos del inglés, la secuencia -NG en posición final —que no aparece en otros términos en español— se realiza como [ŋ].

Hh
El grafema H se conserva en español puramente por razones etimológicas, puesto que no tiene valor fónico (es mudo). Indica las más de las veces el lugar donde existía una F en latín (como en hijo, del latín filius) o una ḥāʼ (ح) arábiga (como en alcohol). Raramente en palabras de origen árabe se realiza como una consonante plosiva glotal, deteniendo momentáneamente la fonación. En algunos préstamos modernos, sobre todo del inglés, adquiere el valor de una consonante fricativa glotal sorda, que tiene en la fonética del idioma de origen, o se asimila a la fricativa velar sorda representada por G o J; así, hamster se realiza como['ham.steɾ] o ['xam.steɾ], no ['am.steɾ].
Además de su uso etimológico, la H se emplea sistemáticamente prefijando las grafías IEUE en posición inicial de palabra; en este caso, las vocales breves representadas normalmente por I y U se transforman casi sin excepción en sus equivalentes consonánticos, la aproximante palatal[j], y la aproximante labiovelar[w]. En los dialectos en que las oclusivas sonoras se reemplazan en posición medial por las aproximantes correspondientes, esta última pronunciación es virtualmente idéntica a la de G; véase la explicación en la sección correspondiente a la B. Otros dialectos no admiten [w] en posición inicial, y añaden una [g] epentética.
También se empleó en los comienzos del idioma escrito para diferenciar la U de la V, de grafía similar, a comienzos de palabra. Así, "hueso" y otras palabras que transformaron la O larga inicial de latín en el diptongo UE se escriben con H, a efectos de distinguirlas de otros términos en VE.


 Jj
El grafema J representa siempre una consonante fricativa articulada en la región posterior del aparato fonador, pero su articulación precisa varía enormemente entre dialectos. La pronunciación consagrada como estándar tradicionalmente corresponde a la consonante fricativa velar sorda[x], pero esta es rarísima fuera de España; en los dialectos americanos se realiza como una palatal[ç], o, menos frecuentemente, como una glotal/h/.
La homofonía entre GEGI y JEJI es causa frecuente de errores ortográficos y ha llevado a la reiterada propuesta de supresión de la primera grafía; los sistemas de Andrés Bello, de Domingo F. Sarmiento y de la Academia Literaria i Científica de Profesores de Instrucción Primaria de Madrid eliminaban la primera en favor de la segunda. Lo mismo hizo Juan Ramón Jiménez en las ediciones de sus obras. La distinción se preserva con criterio etimológico y ha dado lugar a múltiples inconsistencias históricas; hasta época reciente, la Academia recomendaba la grafía muger.
En algunos, pocos, casos, la J alterna con la X considerada homófona, estimándose correctas ambas formas. Es el caso de México (Méjico)Texas (Tejas) o Don Quixote (Quijote) de la Mancha. La pronunciación corresponde a la fricativa que se emplee para J, no a la normal para X.
En algunos préstamos del inglés y el francés, la J se utiliza con su valor de origen, normalmente la consonante fricativa postalveolar sonora[ʤ]; el ejemplo más frecuente es jazz.

Ll ll
El grafema Ll representa, en la articulación considerada estándar por la Academia, a la consonante aproximante palatal lateral/ʎ/. Sin embargo, es extendido el fenómeno del yeísmo, por el cual este fonema se abandona y, en su lugar, se emplea la fricativa o africada que se utilice para Y, a su vez objeto de importante variación entre dialectos. De origen andaluz, el yeísmo es hoy la tendencia dominante en la pronunciación del español y, de hecho, /ʎ/ se conserva principalmente donde la coexistencia con otro sistema fonológico —como el del catalán o el guaraní— preserva la conciencia de la oposición.
En el español rioplatense se ha desplazado a una pronunciación postalveolar. En general la pronunciación es sonora (llamada zheísmo o rehilamiento), [ʒ] o [], similar a la representada por la grafía j en francés o portugués; en algunos sociolectos (muy marcadamente en Buenos Aires) se prefiere la sorda [ʃ] (llamada "sheísmo"), similar a la representada por la grafía sh en inglés, un fenómeno único en el uso del español.
En algunos préstamos del inglés, como hall, donde el grafema representa un alófono velarizado de [l], tiene el valor de aquel; la pronunciación yeísta es considerada inapropiada en estos casos.


Qq
El grafema Q aparece en español únicamente en la secuencia QU, con el valor de la consonante plosiva velar sorda/k/, y sólo ante E e I. Se utiliza como sustituto de la C frente a estas letras, debido a la pronunciación variable de aquella. Hasta finales del siglo XVIII se utilizó con criterio etimológico para las palabras que la emplearan en latín, como quando o quasi; de ellas se conserva algún cultismo, comoquórum, pero ha desaparecido en la mayoría.
Algún vocablo de origen extranjero, en particular semita, la adopta para transcribir la consonante plosiva uvular sorda/q/, representada en árabe como ﻕ; sin embargo, la Academia desaconseja por foráneas estas grafías, como Iraq o burqa, prefiriendo el uso de la igualmente extranjera K para dar Irak o burka.

Rr
El grafema R tiene en español dos valores netamente distintos. Entre vocales, y en algunas otras posiciones, representa la vibrante simple alveolar/ɾ/; a comienzo de palabra y siguiendo a una consonante nasal, a la consonante vibrante alveolar/r/. En muchos dialectos, en posición final cobra también este último valor.
Las reglas para determinar el valor exacto no son simples y combinan criterios sistemáticos y etimológicos. La pronunciación /r/ corresponde sistemáticamente a R en posición inicial (ramaRoque) o postnasal (Enriqueinri) o a RR en cualquier posición (perroguitarra); por razones etimológicas, se emplea la grafía R también siguiendo a un prefijo de origen latino, como en alrededor o subrayar. En estos casos, existe una pronunciación alternativa con /ɾ/, relativamente infrecuente.

Xx
El grafema X representa normalmente la secuencia consonántica [ks]; ante consonante, la mayoría de dialectos tienden a suprimir la plosión y reducirla a [s] o aspiración, aunque en diversos países de lengua española esta pronunciación se considera con frecuencia inculta.
Hasta mediados del siglo XIX se usó con el valor de [x] (sonido de la "j" del castellano actual estándar), remedando la χ griega; la conveniencia de esta práctica fue causa de arduos debates entre los gramáticos anteriores, y la Academia la conservó hasta 1815. Desaconsejada a partir de esa fecha, se conservó sin embargo en unos pocos términos —boxcarcax—, hasta su desaparición en 1844. Hoy se utiliza sólo en topónimos y antropónimos de origen náhuatl, como México u Oaxaca, alternando con una grafía con J considerada equivalente.
El seseo hace que el grupo XC tenga valores diferentes en América, Canarias y parte de Andalucía, donde es [ks] en lenguaje formal, y el norte de España, donde es casi siempre [sθ]. También existen las pronunciaciones [s] y [θ].
En ciertos préstamos de origen portugués, gallego o catalán, así como en la toponimia y las voces de origen mesoamericano, la equis tiene valor de [ʃ].

Yy
El grafema Y tiene valor de consonante entre vocales y semivocálico en otras posiciones.
La realización del primero varía según los dialectos. En buena parte de América y España se emplea la consonante fricativa palatal sonora ([ʝ]), mientras que en rioplatense se desplaza a posición postalveolar ([ʒ]) y en ocasiones se ensordece en [ʃ]. Tiene alófonos: la africado palatal[ɟ͠ʝ], o la postalveolar[ʤ], tras consonante nasal o en posición inicial.
En posición final tiene el valor de una consonante aproximante palatal [j] y en la conjunción y puede sonar del mismo modo o como la vocal [i]. Se fijó su uso de manera sistemática en 1815; en la ortografía pre-académica, se utilizaba libremente como sustituto de I. Varios dobletes toponímicos y antroponímicos restan de este uso, como Ybarra/Ibarra.

Zz
El grafema Z tiene el mismo valor que la C suave en el dialecto correspondiente, es decir, la consonante fricativa dental sorda[θ], en el norte y centro de España y la consonante fricativa alveolar sorda[s], en el resto de los dialectos.

El dígrafo RH se conservó con valor etimológico para vocablos de origen griego hasta el siglo XVIII, pero se abandonó al tiempo que PH. El Abecé de Mayans le daba a este el valor de una vibrante aspirada [rʰ], pero la mayoría de las fuentes no recogen esta pronunciación en ninguna etapa del español.


¡OJO!
A pesar de que Ch ch y Ll ll sean incluidas en la lista de pronunciación, éstas dos no forman parte del alfabeto, ni se consideran como letras iduales a las otras.

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